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lunes, 29 de agosto de 2011

HABILIDADES MOTORAS


Albert Batalla (2000) plantea que la cultura física actual orienta a la adquisición de habilidades en función de los juegos y deportes.  Esta es una realidad ineludible, pero adecuadamente planificados los procesos de aprendizaje en la infancia, se puede desarrollar en los niños una gama de habilidades fundamentales de las cuales podrán disponer durante toda su vida.
Las habilidades motoras son coordinaciones finas en las que los músculos menores desempeñan un papel importante.
Una habilidad se puede describir con palabras tales como automática, rápida, precisa, y suave. Sin embargo, es erróneo considerar una habilidad como una acción simple y perfeccionada. Cualquier desempeño fino, incluso la escritura de la letra “A” es una serie de centenares de coordinaciones de músculos y nervios. Un movimiento hábil es un proceso muy complejo que incluye la diferenciación de indicios y la corrección continua de errores.
Una capacidad bien aprendida se convierte en un hábito. Un hábito es cualquier tipo de actividad repetitiva de funcionamiento suave, que se compone de patrones reconocibles de movimiento. Una persona presta por lo común muy poca atención a los detalles de sus realizaciones habituales. Los hábitos son patrones de movimiento repetidos y relativamente automáticos, sobre todo tal y como se manifiestan en los movimientos hábiles.
Después de que los bebés logran controlar los movimientos corporales gruesos, están listos para iniciar el aprendizaje de habilidades. Estas últimas se basan en los fundamentos establecidos por la maduración que modifica las actividades aleatorias y carentes de sentido que existen al nacer, convirtiéndolas en movimientos coordinados. Por ejemplo, cuando la maduración de los músculos  de los brazos y de las manos es la adecuada, dan como consecuencia la capacidad para agarrar y sujetar objetos, el bebé estará listo para aprender a autoalimentarse con una cuchara. De modo similar, cuando la maduración ha dado como resultado la capacidad para caminar, el bebé está listo para aprender  a brincar, pasar sobre objetos y saltar.
Durante el transcurso de la vida en el organismo se forma una inmensa cantidad de reflejos condicionados de diferentes orígenes, que surgen como resultado de la acción de estímulos complejos y combinaciones que constituyan la base del desarrollo motriz.
La motricidad infantil se encuentra enmarcada en el desarrollo del control del movimiento, considerando este último como interactuar con el medio y los objetos que le brindan al niño informaciones mediante el sistema sensorial cinestésico para la solución de una tarea motriz.
  El niño, al interactuar con el medio, lo hace mediante la actividad que se traduce como el proceso en que él se relaciona con esa realidad según sus necesidades.
  La formación de la habilidades motrices es tarea principal en las edades de  0 a  7 años, por esa razón se le da la posibilidad al pequeño de crear logrando la variabilidad del ejercicio, no permitiendo que surja el estereotipo dinámico, ni se exige el tecnicismo en la ejecución del movimiento, ya que esto diferencia la adaptación a nuevas condiciones.

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